
Lo que alguna vez pensé y callé...
martes, 24 de agosto de 2010
¿Límites?

domingo, 22 de agosto de 2010
Cuando el dolor es más fuerte

Un corazón cansado y lagrimales secos es el triste retrato que ella observa desde la silla de su habitación, y pese a que ha tratado de restaurarlo innumerables veces con su pincel, no logra conseguir la apariencia feliz que desea. – ¿Quedará simplemente así?- se dice para sus adentros, con un rostro no tan convencido y con un espíritu que se niega a renunciar, pero se le han agotado las ideas, sus manos están cansadas, su pincel gastado.
sábado, 21 de agosto de 2010
Back to the basic

Melancolía, auguro de mi alma insatisfecha y deseosa de un tiempo que nunca fue mío, que nunca conocí y que dista de muchas caras, de muchas vidas, de muchas canas, de muchos tiempos de lo que hoy es la modernidad, nuestra época.
“Welcome to the 21 century” el sueño dorado de todo tiempo pasado y que siguen permaneciendo en nuestro presente. Y es que admitámoslo, en algún momento de nuestra existencia hemos anhelado una vida cómo la de los supersónicos: autos voladores, casas flotantes, ¿vida eterna? Quién sabe qué sorpresas nos deparará el futuro.
Y así seguimos deseando y pidiendo y pidiendo nuevamente, nos hacemos más exigentes casi insaciables… siempre hay algo mejor y lo queremos con una necesidad preponderante.
¿Y después de eso… qué? Cuando ya lo tengamos todo, cuando seamos esclavos de nuestra propia avaricia y ego, cuando nuestro corazón y alma cansados dejen de respirar y sean reemplazados por un motor que nos permita la vida biológica… y nuestra alma haya migrado lejos muy lejos…
Bien, tendremos tecnología, comodidades (más de las que tenemos ahora, ¡wow!). Y cuándo seamos unos reales inútiles con un cuerpo de barro movido por un motor made in China ¿Qué?
Dónde quedará nuestra capacidad de asombro, el disfrutar de las cosas simples, el saber reconocer con cada detalle nuestro hábitat, nuestros amigos, los “gracias”, los “disculpa”, el “permiso”, el tiempo, los paseos, el respeto, la perseverancia, el esfuerzo, las estaciones, los aromas…
Volvamos donde la palabra era suficiente para creer en alguien; volvamos donde el honor y la dignidad no se transaban por nada, pues eran más poderoso que cualquier otro bien material; volvamos donde el respeto y la educación eran la mejor impresión; volvamos en esos tiempos cuando nada esperábamos de vuelta, y sin embargo terminábamos estupefactos con gratas sorpresas.
Quiero una flor, quiero una mirada, un abrazo, palabras… cartas, no de email, de esas que te llevaba tiempo crear y que teníamos que tirar en caso de que la letra no nos saliera como nosotros deseábamos, pues no existía corrector que lo enmendara o un programa avanzado de Word que nos corrigiera la ortografía. Las lanitas de la amistad que regalábamos, la greda, hacer pasteles, regalar sorpresas y sonrisas, la realidad, el compromiso, la dedicación, la interacción: muestras propias de dedicatoria, amor y entrega.
Quiero dejar de ser esclava de lo innecesario, de lo falso, de los orgasmos rápidos y vacíos, de mi hedonismo, mi permisividad y relativismo, de mi comodidad intelectual… quiero volver a lo que me da vida, lo esencial, a lo simple … a lo básico.
Me sigue pareciendo curioso pensar que el periodo que yo anhelo soñó con lo que yo odio ahora… si hubiesen sabido a lo qué íbamos ¿lo seguirían pretendiendo?
jueves, 19 de agosto de 2010
Yo no quiero ser otra marioneta
¿Miedo a qué? se preguntó mientras tocaba la última nota de su guitarra, sus dedos continuaron deslizándose suavemente por las cuerdas. La música siempre fue su pasión pero no parecía un camino loable, no para sus padres. Así optó por una carrera tradicional en una renombrada Universidad de su región, la cual permitiría mantener y construir una “vida feliz” para ella, eso decía su padre mientras fanfarroneaba con el pecho inflado frente a sus amigos.
Qué sentido el de la vida, ¿no? Nos enseñan a ser libres, a soñar con creces, a ser temerarios y no dejarnos aplacar por nadie. ¿Con qué razón? A veces me siento como la chica de la guitarra, salvo que yo no sé tocar, más allá de eso… tengo miedo, pero ¿A qué?
Desde pequeños solemos escuchar a los mayores hablar sobre el éxito, nos enseñan a anhelarlo con demasía, con el tiempo el “éxito” parece ser nuestro motor de vida por el cual trabajamos incesantemente. Y ¡cha-chan! así caemos inmersos en el círculo vicioso del consumismo y el trabajo robotizado sin un fin real, más que la mera producción de dinero. ¿Por qué razón?: Porque no sabemos qué es el éxito…
¿Qué es el éxito? ¿Qué significa ser exitoso? ¿Amasar una gran fortuna para que podamos vivir al estilo rock star que siempre quisimos?, darnos los lujos que vemos en programas faranduleros a nivel nacional como internacional. ¿Qué es lo que realmente quieren nuestros padres al desearnos e inculcarnos éxito?
Convengamos en que la plata nos entrega un sinfín de comodidades y accesos, pero definitivamente no tiene que transformarse en nuestra prioridad, ni en nuestra razón de laborar, ni la responsable en que caigamos en una aburrida monotonía que a la larga lo único que hace es que todo pierda sentido para nosotros, nos aburramos de nuestras vidas, de nuestras parejas y terminemos finalmente frustrados.
¿Miedo a qué tengo? A convertirme en eso, en un ente que no tiene un sentido real y profundo de existencia, atrapado por la monotonía y el materialismo, que no accione por satisfacción personal sino por el “qué dirán”. Ante esto grito ¡PAUSA!, respiro, observo, me doy un tiempo a solas, me re-encanto conmigo misma, finalmente me conozco (proceso que la verdad me llevará toda mi vida, pero que sin duda vale la pena) y ahí discierno… ¿Qué es lo que quiero? : Ser feliz y no entrar en este sistema consumista, falso, algo histérico y estresado… y he descubierto que para eso no es necesario convertirme en un ermitaño que viva de sus cosechas y animales, pues al entregarle un sentido a mi vida, por el cual trabajar… por el cual vivir, estoy rompiendo definitivamente con este esquema.
Yo no quiero ser una marioneta más, la vida es muy corta para eso…