
Un corazón cansado y lagrimales secos es el triste retrato que ella observa desde la silla de su habitación, y pese a que ha tratado de restaurarlo innumerables veces con su pincel, no logra conseguir la apariencia feliz que desea. – ¿Quedará simplemente así?- se dice para sus adentros, con un rostro no tan convencido y con un espíritu que se niega a renunciar, pero se le han agotado las ideas, sus manos están cansadas, su pincel gastado.
A veces, basta un trazo para cambiar una expresión. Pero debe ser el trazo justo: por querer cambiar una sonrisa, un pintor que conozco terminó por reproducir el entierro de cierto famoso conde.
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