
Melancolía, auguro de mi alma insatisfecha y deseosa de un tiempo que nunca fue mío, que nunca conocí y que dista de muchas caras, de muchas vidas, de muchas canas, de muchos tiempos de lo que hoy es la modernidad, nuestra época.
“Welcome to the 21 century” el sueño dorado de todo tiempo pasado y que siguen permaneciendo en nuestro presente. Y es que admitámoslo, en algún momento de nuestra existencia hemos anhelado una vida cómo la de los supersónicos: autos voladores, casas flotantes, ¿vida eterna? Quién sabe qué sorpresas nos deparará el futuro.
Y así seguimos deseando y pidiendo y pidiendo nuevamente, nos hacemos más exigentes casi insaciables… siempre hay algo mejor y lo queremos con una necesidad preponderante.
¿Y después de eso… qué? Cuando ya lo tengamos todo, cuando seamos esclavos de nuestra propia avaricia y ego, cuando nuestro corazón y alma cansados dejen de respirar y sean reemplazados por un motor que nos permita la vida biológica… y nuestra alma haya migrado lejos muy lejos…
Bien, tendremos tecnología, comodidades (más de las que tenemos ahora, ¡wow!). Y cuándo seamos unos reales inútiles con un cuerpo de barro movido por un motor made in China ¿Qué?
Dónde quedará nuestra capacidad de asombro, el disfrutar de las cosas simples, el saber reconocer con cada detalle nuestro hábitat, nuestros amigos, los “gracias”, los “disculpa”, el “permiso”, el tiempo, los paseos, el respeto, la perseverancia, el esfuerzo, las estaciones, los aromas…
Volvamos donde la palabra era suficiente para creer en alguien; volvamos donde el honor y la dignidad no se transaban por nada, pues eran más poderoso que cualquier otro bien material; volvamos donde el respeto y la educación eran la mejor impresión; volvamos en esos tiempos cuando nada esperábamos de vuelta, y sin embargo terminábamos estupefactos con gratas sorpresas.
Quiero una flor, quiero una mirada, un abrazo, palabras… cartas, no de email, de esas que te llevaba tiempo crear y que teníamos que tirar en caso de que la letra no nos saliera como nosotros deseábamos, pues no existía corrector que lo enmendara o un programa avanzado de Word que nos corrigiera la ortografía. Las lanitas de la amistad que regalábamos, la greda, hacer pasteles, regalar sorpresas y sonrisas, la realidad, el compromiso, la dedicación, la interacción: muestras propias de dedicatoria, amor y entrega.
Quiero dejar de ser esclava de lo innecesario, de lo falso, de los orgasmos rápidos y vacíos, de mi hedonismo, mi permisividad y relativismo, de mi comodidad intelectual… quiero volver a lo que me da vida, lo esencial, a lo simple … a lo básico.
Me sigue pareciendo curioso pensar que el periodo que yo anhelo soñó con lo que yo odio ahora… si hubiesen sabido a lo qué íbamos ¿lo seguirían pretendiendo?
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